«El uso en redes sociales: estar siempre disponible es malo, pero no estarlo también»

Juan Rubén Mendoza Lipa: psicólogo especialista en redes sociales
Por: María José Quintana Mercado
La Paz / 01 de octubre de 2026
Una notificación llega a la mitad de una clase y, aunque el celular esté en silencio, la mano ya se dirige hacia él. En La Paz, donde un bloqueo, un paro o un horario continuo se anuncian primero por WhatsApp, estar conectado dejó de ser una elección y pasó a ser una necesidad cotidiana. Ocho años después de su estudio sobre el uso excesivo de redes sociales, el psicólogo Juan Rubén Mendoza Lipa sostiene que la dependencia se mantiene, pero ahora tiene otro rostro: la inmediatez, el temor a "quedar mal" y la presión de mostrarse ante los demás.
La evolución de la dependencia digital
P: En 2018 usted estudió el uso excesivo de redes sociales. ¿Ha cambiado psicológicamente nuestra relación con estas plataformas?
R: Sí. En 2018 no abundaba tanta información ni estábamos tan adaptados. Hoy las universidades, los docentes y las convocatorias dependen de las redes. Se sumaron TikTok, LinkedIn y la inteligencia artificial. Es difícil encontrar a alguien que no mire su celular; incluso los adultos mayores se adaptan, con el beneficio del contacto familiar, pero con más riesgo de estafas.
P: En su estudio se hablaba de "uso excesivo" o "adicción". ¿Siguen siendo suficientes esas categorías?
R: El uso excesivo se mantiene, y la dependencia es más fuerte. Cuando doy clase, los estudiantes buscan información en el celular y su atención queda dividida. He visto niños que se enojan y rompen cosas cuando les quitan el aparato. Pero tampoco podemos prohibirlo: es una herramienta del día a día y sin ella no estaríamos informados.
P: ¿Qué hay detrás de esa necesidad de estar conectados?
R: Principalmente, la necesidad de actualizarse. Quien no mira las redes siente que se pierde de algo. En lo académico está la presión de entregar rápido una tarea. Los docentes también somos parte de esa necesidad: mandamos comunicados fuera de horario y el estudiante, al sentir la notificación, ya piensa que tiene trabajo.
Notificaciones, ansiedad y presión social
P: ¿Cuándo deja de ser una herramienta de comunicación y se vuelve una presión psicológica?
R: Las personas se están aislando un poco más. Aunque estén reunidas, cada una busca información de forma individual. Es una herramienta, pero el control y el manejo dependen de cada persona. Llega la notificación y revisan inmediatamente, aunque les pidamos que lo pongan en silencio, porque se cree que es algo urgente.
P: ¿En La Paz influye la brecha digital en esta ansiedad?
R: Totalmente. En zonas sin señal, la gente se angustia pensando "¿qué estará pasando? ¿me están llamando?". Es una ansiedad más fuerte en la ciudad que en un viaje, donde ya sabemos que no habrá conexión. Esa incertidumbre de estar desconectado genera estrés.
P: ¿Qué ocurre cuando se siente que no responder "va a quedar mal"?
R: Interviene la confianza. Pensamos cómo contestar de forma respetuosa, sobre todo para pedir una prórroga. Mientras más demoramos, más crece la ansiedad: "¿qué va a pasar si respondo con esta palabra?". Quieren quedar bien. A eso se suma la huella digital: aunque borremos una publicación, siempre habrá alguien con una captura.
P: ¿Es ansiedad o presión social?
R: Depende de la información que llega. Hay noticias positivas, como un logro, y otras dolorosas, como la enfermedad o la pérdida de un ser querido. Compartimos en redes tanto lo bueno como lo malo. Desde la psicología vemos la necesidad de mostrar quién eres y cómo sientes que te perciben. Publicar también puede ser un bienestar: despedirse de alguien y recibir apoyo ayuda.
Validación, salud mental y redes
P: ¿Compartir memes o publicaciones puede ser una forma de pedir ayuda sin decirlo?
R: En algunos casos sí. En psicología se llama proyección, un mecanismo de defensa: no puedo decir "estoy triste", pero comparto algo sobre alguien que se ve triste. Es una forma indirecta de comunicar lo que nos pasa.
P: ¿Puede volverse una carga emocional estar disponible para tantas personas a la vez?
R: Sí, puede sobrecargar. Lo excesivo hace mal, pero lo mínimo también. Hay quienes publican todo y quienes no publican nada, y ambos llaman la atención. Desde el DSM-5, trastornos como el histriónico o el narcisista se relacionan con esta necesidad. Quien depende de la validación puede entrar en crisis si no recibe "me gusta".
P: ¿Cómo afecta esto a la autopercepción y a la capacidad de estar solos?
R: Afecta bastante que no te den "me gusta" o que tu foto se convierta en meme. Algunos dejan de dormir por dedicarse a las redes. Cómo me veo y cómo me ven los demás se influyen mutuamente; sirve para mejorar, siempre que no se pierda el equilibrio.
P: ¿Acercarnos digitalmente nos distancia de la realidad?
R: Cuando hay dependencia, se requiere atención psicológica para regular el uso. Estar tan disponible es malo, pero no estar disponible tampoco es bueno: se trata de un manejo responsable. La tecnología debe ser una herramienta, no el centro de nuestra vida.




