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La fecundidad en Bolivia cae a 2,1 hijos por mujer, el nivel más bajo registrado

Bajada: El INE atribuye el descenso a la mayor escolaridad femenina, los ingresos informales y la falta de apoyo estatal. La tasa ya está en el nivel de reemplazo generacional.

Por: Moira Mendoza Pinilla

La Tasa Global de Fecundidad en Bolivia cayó a 2,1 hijos por mujer, el nivel más bajo registrado, según el estudio "Análisis de Determinantes de la Fecundidad a partir de la Encuesta de Demografía y Salud (EDSA) 2023", publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La cifra ubica al país en el nivel exacto de reemplazo poblacional, tras un descenso continuo desde los 6,6 hijos de 1970.

Una transición demográfica acelerada

El informe oficial revela una profunda brecha territorial. En el área rural, la tasa es de 2,9 hijos por mujer. En los centros urbanos, donde reside el 75,3% de las mujeres en edad fértil, la cifra desciende a 1,9, por debajo del nivel de reemplazo generacional.

En departamentos como Chuquisaca, la fecundidad bajó a 1,8 hijos por mujer, mientras que en Potosí se sitúa en 2,8, debido a su mayor peso de población rural.

Educación y condición económica

El INE identifica el nivel educativo como uno de los principales factores de la reducción. Las mujeres sin escolaridad registran un promedio de 4,1 hijos, mientras que aquellas con educación superior presentan apenas 1,4 hijos por mujer, un nivel equivalente a países como Chile o Uruguay. Cada nivel educativo alcanzado reduce la fecundidad en al menos 0,6 hijos y posterga la edad mediana del primer nacimiento hasta los 24,2 años.

La condición económica también incide. En el quintil de mayores ingresos (Q5), la fecundidad desciende a 1,2 hijos por mujer, frente a los 3,4 hijos registrados en el quintil más pobre (Q1). La escolaridad femenina superior pasó del 27,9% en 2016 al 36,8% en 2023, consolidando la tendencia a posponer la maternidad.

Ingresos informales y costo de vida

El economista Ángel Zavalla señala que, en la economía informal, los ingresos medios bordean los 1.500 bolivianos, una cifra distante del salario mínimo nacional. "La tendencia actual, debido a la situación económica, es de mucha restricción. Tener un hijo se percibe sobre todo como un riesgo financiero porque la inversión no tiene cobertura", afirma.

Zavalla explica que la falta de políticas económicas para impulsar la inversión y las elevadas tasas de interés impiden reactivar el aparato productivo. Además, sostiene que bonos estatales como el Juancito Pinto o el bono familiar son incentivos insostenibles que no resuelven el problema de fondo.

Riesgos clínicos y desprotección laboral

La médica ginecóloga Arbeluz Guaicho Parisaca explica que el temor a las secuelas físicas del parto y la sobrecarga de trabajo en la crianza condicionan la decisión de no tener más hijos tras la primera experiencia. "El dolor del parto es intenso y muchas pacientes dicen no querer más bebés porque el parto o la cesárea fue traumática. A esto se suma que el cuidado recae casi completamente en la mujer mientras el esposo trabaja", señala.

La especialista indica que la edad recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para gestar se ubica entre los 25 y 35 años. Tener hijos después de los 35 incrementa los riesgos maternos de preeclampsia y hemorragias posparto. Sin embargo, gestar antes de los 25 años también presenta riesgos de parto prematuro.

A estos factores clínicos se añade la vulnerabilidad laboral. Aunque la normativa establece la inmovilidad laboral durante la gestación y hasta el primer año de vida del bebé, esta norma no se cumple en contrataciones temporales ni en el sector privado, donde muchas mujeres pierden sus puestos de trabajo al quedar embarazadas.

Educación sexual y vacíos en el sistema público

El 97,6% de las mujeres declara conocer al menos un método anticonceptivo, pero el uso actual de métodos modernos entre quienes tuvieron un hijo reciente alcanza solo el 51,6%, según el INE. Además, el 72,5% de las mujeres en edad fértil se conecta diariamente a internet y redes sociales, que se convierten en su principal fuente de información sobre salud sexual y reproductiva, fuera de los canales oficiales o especialistas.

Por su parte, el sistema de salud público tropieza con severas limitaciones institucionales. Programas de orientación como Atención Integral Diferenciada para Adolescentes (AIDA) no cuentan con personal médico exclusivo ni espacios diferenciados en los consultorios, obligando a los médicos de planta a atender la consulta general sin brindar la atención preferencial que requieren los adolescentes, según Guaicho.

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